Noé Martínez Rodríguez
Matrícula: AL09004095
Semana 7 Actividad 2
Estudio Independiente
Esta es la historia de mi maestro de literatura de preparatoria, un hombre que nació en España, y a su tercera edad llegó a México, a un pequeño pueblo de la provincia, llamado Mexicali.
“El Español”, como todos le decíamos nunca perdió el acento, y aunque ascendió en la escala profesional, jamás perdió la fonética de su lugar de origen. ¿Esto nos remite a una persona con estilo de aprendizaje estrictamente auditivo?... mmmh, necesitaríamos más información, ya que obvio en el noroeste de México, menos del 3% de la población (nativa y extranjera) conoce Europa, mas bien, hay una gran cantidad de orientales, especialmente chinos y japoneses, nada relacionado a su estilo españolado.
Pero las experiencias que nos contaba durante las clases donde se analizaban escritores latinoamericanos, nos indicó su forma de acercarse a la literatura, especialmente la versificada. Decía que era muy complicado para él, sentarse, leer un libro y analizarlo. Su método era diferente, y eso que todavía no se popularizaban las teorías de la neurolinguistica y los estilos de aprendizaje.
Para estudiar, requería siempre de un compañero, que en la mayoría de los casos era su novia, el se recostaba mientras ella empezaba a leer de principio a fin el libro; mientras el estudiante, con los ojos cerrados, imaginaba, analizaba y asimilaba la información sobre el libro, o proveniente de él.
Durante las clases en el aula, le resultaba completamente imposible atender gráficas en el pizarrón, ni para aprender, ni para enseñar. Su letra era horrible, jamás pudo controlar eficazmente sus trazos sobre papel. Era muy extraño en un hombre estudioso de las letras, con tanta experiencia.
Su majestuosidad la alcanzaba en el uso de la palabra, sabía desmembrar una a una sus ideas. Escuchaba con atención a su auditorio y rápidamente podía obtener una introspección personal de cada uno. Durante cada clase, escuchar y hablar se convertían en un arte que a pocos de nosotros divertía, la mayoría acostumbrados a tomar notas, copiar del pizarrón y transcribir textos. Resultaba muy complicado asimilar todo, únicamente a través de la oralidad. Nuestro oído no estaba acostumbrado.
Cuando se habla sobre las teorías de aprendizaje auditivo, me remito siempre a mis experiencias en la preparatoria, donde conocí al hombre que había leído más libros con el oído, que muchos con sus propios ojos.
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